La reciente recomendación de la OMS acerca de no estigmatizar a la población a partir de las enfermedades que padece, trajo a mi recuerdo la lectura del caso de la pandemia de gripe que asoló el mundo en el año 1918.
Cuenta la crónica de la época, y muy bien lo relata Juan Manuel Carballeda en Fiebre, breve colección de epidemias, que el 29 de junio de 1918 el entonces inspector de salud de España anuncia frente a la Real Academia de Medicina que no había recibido ningún reporte de la enfermedad aludida en ninguna otra ciudad de Europa. Y su honestidad científica lo condenó.
En Francia ya estaba circulando el virus y en Estados Unidos se habían reportado contagios en un campamento militar en Kansas (el cocinero había sentido dolor de cabeza, de garganta y fiebre, y en pocas horas había contagiado a más de 100 personas).
Pero debido al informe español, la gripe pasó a conocerse mundialmente como "española", y no francesa o yanqui. En esos tiempos de primera posguerra, en Polonia se la conoció como "enfermedad bolchevique", en Senegal fue "gripe brasileña" y en Brasil, "gripe alemana".
Por eso, hoy están recomendando, sobre todo a los medios masivos de comunicación, no utilizar nombres o ilustraciones que terminen estigmatizando a sectores de la población que sufren alguna enfermedad como la actual "enfermedad zoonótica viral".
