Pequeña suerte

 


A veces, una novela se convierte en una hoja de ruta de futuras y posibles lecturas, debido a la cantidad de libros que menciona a lo largo de sus páginas (sin siquiera tener en cuenta la cantidad de títulos y referencias que aparecen en nuestro recuerdo).

Es el caso de “Una suerte pequeña” de Claudia Piñeiro, que Alfaguara editó por primera vez en 2015, que encontré en una biblioteca familiar mientras "esperaba" que termine el año.

Comienza con un epígrafe del cuento de Alice Munro Las niñas se quedan que se encuentra en el libro “El amor de una mujer generosa”; es curiosa la contemporaneidad entre la edición de la novela argentina y la obtención del premio Nobel de literatura por parte de la canadiense.

Pero a lo largo de la novela, la protagonista va citando en su “Cuaderno de bitácora” diversos títulos, en el siguiente orden: “Las palmeras salvajes”, de William Faulkner; “Las uvas de la ira”, de John Steinbeck; “La conciencia de seno”, de “Italo Svevo; “La peste”, de Albert Camus y “Las correcciones”, de Jonathan Franzen. Sin más relación que el “dato inútil” de empezar con el artículo femenino, en singular o en plural. A éstas citas siguen: “La insoportable levedad del ser”, de Milan Kundera; “La tía Julia y el escribidor”, de Mario Vargas Llosa; “La nieta del señor Linh”, de Philippe Claudel; “La metamorfosis”, de Franz Kafka; y “Las horas” de Michael Cunningham.

El listado surge espontáneamente, cuando la protagonista se sienta frente a la computadora a escribir y no puede hacerlo, explicando: “en lugar de ponerme frente a la pantalla e intentarlo me detengo a recitar títulos de novelas que me llamaron la atención por el motivo que sea.”

Después, cita “Madre Coraje” de Bertold Brecht, “El libro de la selva” de Rudyard Kipling; “Un tranvía llamado deseo”, de Tennessee Williams; “La mujer rota”, de Simone de Beauvoir; “Wakefield, de Nathaniel Hawthorne y el ya mencionado relato de Munro.

Finaliza con “Fragmentos de un discurso amoroso” de Roland Barthes, mencionado entre el recuerdo de su padre que escuchaba Astor Piazzolla y se escondía detrás de uno de sus libros.