Sabores de un libro que no es de cocina



En la anterior colaboración recordé la novela El entenado de Juan José Saer, basada en un hecho histórico ocurrido en 1515 en el contexto de la Conquista española de América, cuando una expedición comandada por Juan Díaz de Solís pierde un grumete que es capturado y adoptado por los indios colastines.

Suceso similar relata otro conquistador español, Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, en Naufragios y comentarios

“Este río Paraná, por la parte que lo pasaron, era de ancho un gran tiro de ballesta, es muy hondable y lleva una gran corriente, y al pasar del río se trastornó una canoa con ciertos cristianos uno de los cuales se ahogó porque la corriente lo llevó, que nunca más paresció…”

El relato del conquistador es del año 1542 y en la primera edición de 1555 se añade el viaje al Río de La Plata.

De este acontecimiento comentado casi al pasar por Cabeza de Vaca se vale Rodolfo Nicolás Capaccio para escribir su novela Sumido en verde temblor, donde este anónimo soldado es rescatado por cinco mujeres indígenas que lo introducen en un mundo nuevo: el de los sentidos. Cinco Doñas que son nombradas por el español Meñique, Mayor, Anular, Pulgar y Doña Índice, por orden de aparición y por virtud erótica profesada.

“En este curioso mundo donde todo es descubrir y sorprenderse, tal vez sea la lengua la que tenga más cosas que aprender. Vieja exploradora, vieja inquisidora, no hay fruto, ni carne, ni zumo de los que no quiera indagar su sabor. Siempre alerta, siempre dispuesta, el arte está en gobernarla…”

La novela fue editada por la Editorial de la Universidad Nacional de Misiones en el año 1998 y unos años antes había sido finalista del premio “La sonrisa vertical”, concurso de novela erótica que desde 1979 Tusquets entregó en 22 ocasiones (otras 5 fue declarado desierto); en 2004 la editorial decidió suspenderlo debido a la escasa calidad de las obras presentadas. En su momento, el jurado estaba presidido por Luis García Berlanga, director de cine y erotómano declarado.

En los años en que se otorgó, tres argentinos lo ganaron: Susana Constante por Educación sentimental de la señorita Sonia (1979), Dante Bertini por El hombre de sus sueños (1993) y Abel Pohulanik por La cinta de Escher (1997).

Sumido en verde temblor aún hoy se puede conseguir en algunas librerías universitarias.