El principal acierto de los Palimpsestos que Néstor Tkaczek regala todas las semanas en el diario Rio Negro es, quizás, la invitación a leer y sumar nuevas lecturas de viejos textos. Y las recientes columnas que abordaban los Faustos me invitó a revolver la biblioteca en busca de El Fausto criollo de Estanislao del Campo que yo tengo en una versión ilustrada por Oski.
Tal vez comprada en El piojo, de Villa María, conservo una segunda edición de “Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de esta ópera” que en 1965 publicó Eudeba, con prólogo de León Benarós (aquel apocado jurado del “Yo sé” de Feliz Domingo, con el que soportábamos las siestas en los adolescentes años ’80, cuando en televisión había sólo 2 canales).
En el mismo, Benarós revela que la primera versión del poema se imprimió en forma de folleto en la “Imprenta Buenos Aires”, propiedad del autor; es decir que Estanislao del Campo se autoeditó el trabajo que había comenzado a escribir después de asistir a una representación de la ópera Fausto de Charles Gounod. Ese 24 de agosto de 1866 se habían puesto en escena en el Teatro Colón los 5 actos durante casi 3 horas y los amigos de Del Campo lo habían tentado a escribir la sátira de lo que había sucedido esa tarde-noche ya que conocían uno anterior de su pluma, “Carta de Anastasio el Pollo sobre el beneficio de la Sra. La Grúa”, de 1857, donde verseaba sobre un espectador que había confundido la ficción del teatro con la realidad y casi causa una tragedia.
El Fausto criollo tuvo éxito inmediato y a largo plazo: las dos ediciones de Eudeba sumaron 50000 ejemplares y Del Campo después siguió escribiendo pero quedó en el recuerdo por su poema en forma de décimas y redondillas (Manuel Mujica Lainez tituló Vida y obra de Anastasio el Pollo la biografía que escribió sobre él).
“¡Quién te vido y quién te ve!”
La ópera de Gounod tiene diferente final al del texto de Johann Wolfgang Goethe editado por primera vez en 1808 porque el público alemán que había asistido a una de las primeras puestas en escena en el Volkstheater de Hamburgo, indignado con el trágico final pidió a gritos uno nuevo: ¡Casorio! ¡Casorio!, interrumpieron hasta que se improvisó el nuevo. Lo cuenta Christiane Zschirnt en su Libros. Todo lo que hay que leer.
Tal fue el éxito del Fausto de Gounod que hasta 1975 se había representado unas 2358 veces, sólo en la Ópera de Paris.

