Julia Burton escribió el libro Desbordar el silencio, tejer complicidades. Acciones y voces del feminismo neuquino por el derecho al aborto, que publicó la editorial Tren en Movimiento. Conversé con la autora para la versión pandémica de Ladrones de tinta, programa radial sobre libros que se emite por la 103.7 Radio Universidad Calf.
¿Cómo surge el trabajo?
El libro es mi tesis de doctorado. Empecé la investigación en 2013 y la finalicé en el 2019. A partir de ahí me puse a trabajar para transformarlo en un registro no tan académico, que trascienda el texto doctoral. Pero el tema de mi militancia a favor del aborto legal surge a través de las entrevistas que realicé para la investigación.
¿Cuál era el tema original de tu trabajo de investigación?
Yo había pensado trabajar cómo construían su identidad colectiva dos organizaciones feministas (La Revuelta y Sin Cautivas) a través de las acciones callejeras. Pero cuando comencé a hacer las entrevistas, las dos organizaciones ya no tenían tanta calle: La Revuelta ya había empezado a hacer socorrismo y las Sin Cautivas estaban haciendo el archivo de historia oral con testimonios de mujeres que habían abortado. Entonces el aborto fue el tema que atravesó a las dos y me permitió realizar el trabajo.
El libro, con prólogo de Ruth Zurbriggen, aborda las transformaciones sociales y culturales generadas desde el activismo feminista por el derecho al aborto en la ciudad de Neuquén. ¿Por qué? ¿Es que la práctica feminista acá tiene sus particularidades?
Si. Creo que tiene sus particularidades y sus singularidades si nos detenemos a pensarlas como prácticas políticas. La ciudad de Neuquén tiene una historia política y de conflictividad social de la cual el feminismo es parte porque no está aislado de todas esas otras luchas sociales que acontecieron. Eso es una particularidad porque las luchas están entrelazadas y reúnen diferentes sectores sociales; hay una multipertenencia de las activistas feministas a distintos espacios políticos: organización feminista, sindicato docente, movimiento estudiantil en la universidad, hay un entramado que hace que las acciones feministas no sucedan en soledad.
Una de las cosas que noté es que muchos de los trabajos sobre activismo feminista y sobre militancia por el aborto estaban circunscriptos al área metropolitana de Buenos Aires y eso se extendía como un sinónimo de lo nacional. Esta tendencia de homologar lo nacional con lo que pasa en Buenos Aires también construyó una especie de relato hegemónico y se convirtió en un patrón para comparar si un trabajo es legítimo o no. Muchas veces me preguntaron cómo entraba Buenos Aires en mi trabajo, o por qué estudiaba el feminismo en Neuquén, etc.
El libro se llama Desbordar el silencio, tejer complicidades ¿por qué el uso de esos verbos?
Porque me gustaba el juego de palabras entre el lugar al que siempre fue confinado el aborto: un lugar de silencio, de vergüenza, de soledad y desbordar en el doble sentido de algo que deshace un bordado previo y en el sentido de exceder los límites; y eso es lo que hace el feminismo todo el tiempo, extiende los límites y los márgenes que tiene lo establecido. Y en ese desbordar se van tejiendo redes de complicidades que son las que permiten o habilitan ciertos cambios sociales y ciertos cambios culturales que impulsa.
En el país hay muchas leyes que son resultado de la práctica militante: la educación sexual integral, la ley de salud sexual y reproductiva, entre otras. La última, en 2018, fue el tratamiento legislativo del proyecto de despenalización del aborto. ¿Vos crees que este año se sanciona la ley?
Yo soy bastante mala con los pronósticos pero me parece que es una ley que no puede esperar más, sobretodo porque los abortos siguen ocurriendo; no es que la prohibición del aborto los haya impedido. Además, existen las interrupciones legales del embarazo (ILE), los abortos no punibles permitidos por el código penal desde 1921 y hay muchos sectores dentro del sistema de salud que los garantizan. Esto no evita que haya muchas mujeres y otras personas con capacidad de gestar que no llegan al sistema de salud y recurren a prácticas que son inseguras y ponen en riesgo su salud y su vida.
Yo creo que tiene que salir la ley, es algo que no puede esperar, sobretodo porque hubo un anuncio del presidente, en su momento candidato, de que se iba a tratar el proyecto en el Congreso.
Julia Burton nació en Neuquén en 1987. Es socióloga por la Universidad Nacional del Comahue, doctora en Sociología (IDAES/Universidad Nacional de San Martín) y becaria de investigación posdoctoral del Conicet por el Instituto Patagónico de Estudios de Humanidades y Ciencias Sociales. Integra la organización Socorristas en Red (feministas que abortamos). En 2018 fue una de las mujeres que expuso en la Cámara de Diputados de la Nación su posición respecto de la necesidad de aprobar el proyecto de ley de despenalización del aborto.

