Ladio: Es un momento ideal para repensar los vínculos que establece la sociedad con la naturaleza

Etnobiólogos del Conicet participaron de un trabajo donde investigadores de todo el mundo analizan el impacto de la crisis sanitaria mundial ocasionada por la pandemia de COVID-19. Para la versión en cuarentena de Gabinete de curiosidades, conversé con uno de ellos, la Dra. Ana Ladio, del Grupo de Etnobiología del Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente (INIBIOMA).



En el Inibioma venimos trabajando hace veinte años junto a las comunidades de las provincias de Río Negro, Neuquén y Chubut, la mayoría de ellas rurales y pertenecientes a pueblos originarios. Este trabajo fue plasmado en un artículo científico multidisciplinar recientemente publicado en Nature plants

¿En qué consistió el trabajo que publicaron en Nature Plants?
29 etnobiólogos de distintas partes del mundo, de distintos continentes, nos pusimos a pensar cuál va a ser el futuro de nuestra disciplina y básicamente en nuestro artículo discutimos tres ejes: cómo impactará en las comunidades indígenas las formas de uso de los recursos naturales luego de esta pandemia; obviamente expresamos nuestra preocupación por las condiciones de alta vulnerabilidad en que se encuentran las comunidades indígenas en todo el mundo. Después también nos preguntamos cómo la crisis varía nuestras formas de trabajo, entonces nos pusimos a pensar cuáles serían las medidas de protección que tendremos que adoptar; y tercero, nos fijamos nuevas prioridades de temas que deberemos abordar en el futuro, poniendo más hincapié en los vínculos que las comunidades tienen con la fauna silvestre. Por ejemplo, como etnobiólogos tenemos que poner el foco en los mercados húmedos, estas ferias o mercados públicos donde se venden alimentos de origen silvestre porque aparentemente el origen del Covid-19 podría estar relacionada con estos mercados.

Da la sensación de que se plantea una dicotomía entre la civilización y el campo. ¿Es así?
No, creo que el trabajo publicado propone o muestra que hay diferentes formas de vincularse con la naturaleza, y efectivamente de nuestro trabajo de campo con estas comunidades rurales y en comunidades urbanas lo que pudimos ver son los distintos vínculos y conocimientos acerca de plantas comestibles, medicinales, de las usadas para leña, de plantas indicadoras de cambios medioambientales, de cambios de clima; cómo son distintos los conocimientos que tienen las personas de plantas que se usan en horticultura familiar, acerca de los animales nativos. Por ejemplo, le preguntamos a distintos maestros de nuestra Patagonia sobre sus conocimientos sobre plantas comestibles de la región y descubrimos que en general era muy bajo, si uno lo compara con el que tienen las sociedades rurales y principalmente los de las comunidades originarias: estos tienen un conocimiento hasta 4 veces más amplio. Esto habla de un desapego, una desconexión con los elementos del entorno, porque estamos hablando de maestros que en Patagonia tienen acceso a áreas verdes, áreas silvestres, y sin embargo saben muy poco de la naturaleza. Este y otros ejemplos dan cuenta de los distanciamientos que tiene la sociedad urbana con respecto a la naturaleza y esto es uno de los aspectos principales de los que se ponen en alerta en este trabajo de Nature plants.

El trabajo cuenta con la participación de especialistas de todo el mundo. ¿Hay alguna particularidad en cada etnobiólogo o las lecturas de la realidad son comunes?
Obviamente hay particularidades pero también hay acuerdos. Todos los autores del trabajo estamos de acuerdo en cuanto a la preocupación que tenemos acerca de los pueblos originarios. Si bien estos establecen relaciones cercanas con la naturaleza, se sienten parte, su destino es parte de ella, no hay dudas de que son los más afectados, son las sociedades que en este momento exhiben mayores índices de fragilidad, por lo tanto son los que tienen probabilidades muy altas de contagio del virus. Esto ya se observa en Brasil, con comunidades originarias del Amazonas. Después también hay una preocupación común en cómo les afectan las medidas de distanciamiento social y confinamiento a estos pueblos que dependen fuertemente de la naturaleza porque no pueden reproducir sus modos de vida.

Además de reflexión ¿están promoviendo algún tipo de acción?
El trabajo busca evidenciar que los patrones de sometimiento, de destrucción con los cuales la sociedad global se vincula con la naturaleza y en este trabajo promovemos pensar que existen otras formas de relacionarse con la naturaleza, otras éticas medioambientales como las que encontramos en los pueblos originarios, donde el vínculo que establecen estas sociedades es el de sentirse parte, de una crianza mutua. Es decir, desde sus cosmovisiones ellos ven que la naturaleza les provee alimento, refugio y medicina entonces las personas tienen la obligación, el compromiso de cultivar la tierra, de protegerla, de restaurarla, de asegurar que se sigan reproduciendo todos los procesos ecológicos. Es una mirada ética que de alguna manera es la misma que está tomando la agroecología, algunos grupos sociales o hasta la ONU.

¿Sos optimista de qué esta pandemia nos va a permitir repensar nuestra relación con la naturaleza, nuestras prácticas como sociedad?
Es muy difícil hacer futurología con esta pandemia porque todas las semanas aparecen cosas nuevas. Yo diría que es un momento de pausa, ideal para repensar justamente los vínculos que establece la sociedad global con la naturaleza. Hasta ahora han sido vínculos de destrucción y de dominación, que deben cambiar. Entonces, trato de ser optimista y en escala local creo que los cambios se harán de abajo hacia arriba. Uno puede ver en las pequeñas ciudades pequeños fenómenos de avance. La pandemia, por ejemplo, ha suscitado que muchas personas empiecen a cultivar sus propios alimentos, a hacer sus propias huertas, a darse cuenta de la importancia de los alimentos sanos, a valorar los ambientes silvestres, a repensar la relación con la fauna silvestre, ahora que se empieza a ver en las calles, etc. Quizás esas experiencias personales, pequeñas, a nivel local, puedan servir para cambios más grandes a nivel de políticas estatales, para repensar los modelos de desarrollo que no estén basados en contaminación y sobreexplotación de la naturaleza como los actuales.