Crónicas de tierra adentro, historias, hechos y personajes del Neuquén profundo, es una selección de 35 relatos escritos por Rodolfo Chavez que fueron publicados en el diario Río Negro hace algunos años. Pero las historias siguen latiendo.
¿Por qué republicarlos en un libro?
Es la recopilación de 20 años de trabajo a partir de una sugerencia de Héctor Mauriño, mi jefe hasta hace algunos meses, quien alentó a que saliera a buscar estas historias. La publicación del libro coincidió con un adiós temporal al periodismo.
¿Con qué historias nos encontramos?
Hay historias de todo tipo. Una de las que más repercusión tuvo es la que yo bauticé como “El loco de Collón Curá”. Es la crónica de una persona que vive en un lugar insólito, casi colgado al costado de la ruta y al que los camioneros, los colectiveros, han adoptado dejándole comida, bebida, abrigo… sobre la cual hay un montón de historias posibles. En algún momento me acerqué y pude hablar con él. Esa historia tiene dos versiones: la que escribí hace 14 años cuando conversé con él; y otra que tiene que ver con una deformación de la historia original. En la primera cuento la leyenda que hay sobre Argentino (que es como se llama) y la gente, curiosamente, tomó esta leyenda como algo real y lo que era la historia real pasó completamente desapercibida. Entonces yo juego un poco con esa decisión que toma el lector y escribo la segunda nota.
También hay muchas historias que tienen que ver con el norte neuquino que creo que es un lugar que tiene poca descripción y poco conocimiento.
También hay trabajos que tienen que ver con las coberturas más importantes que me tocaron hacer, como el caso Carrasco o las puebladas de Cutral Co y Plaza Huincul.
Puedo reconocer en mí el interés por salir de la redacción y buscar las historias en el interior de la provincia, además de tener el oído atento a mis compañeros que me decían “mirá lo que pasó, fijate este personaje…”
El libro se titula “crónicas”…
En el diario estuve 20 y pico de años y allí aprendí a escribir. Tuve grandes maestros como para aprender a hacerlo: Guillermo Berto, Tuti Gadano, el vasco Mauriño,… en esa mezcla fui decidiendo mi estilo. Creo que mi forma de escribir es particular y a veces no es tan periodística: la mayoría de los relatos no aparecen con una cabeza de pirámide invertida. Las crónicas tuvieron la particularidad de que aparecieron un domingo, entonces yo imaginaba el lector como una persona que se merecía que le cuente algo más colorido, más relajado, con una foto que le ilustre la historia; con esa idea yo definía estas crónicas que en realidad no tienen pretensiones literarias y que ni siquiera puedo creer que hayan tenido tanta repercusión.
¿Qué diferencias crees que hay en la repercusión que tuvieron tus textos en el diario y, ahora, en este otro formato?
Es muy diferente porque el libro pasa el escrito a otra categoría. El libro para mí es algo supremo, yo tengo fascinación por los libros. Y a veces me siento un invasor porque lo veo en las librerías al lado de gente que admiro, como Soriano, García Márquez…
La repercusión que había tenido cada uno me ayudó a la hora de seleccionarlos. Tomé en cuenta los comentarios de la gente que conocía el hecho y me decía “eso es lo que yo ví, vos lo contaste tal cual”. Por ejemplo, “Las Coloradas” es una nota que tiene un contenido político, un contenido social y también un contacto con la naturaleza. Es una cosa rara pero la pediatra de mi chico me dijo: “yo tengo amigos que trabajaron en ese lugar y me dijeron lo mismo que vos contás ahí”. Lo maravilloso fue ver que los textos seguían latiendo.
Además del proceso de selección, ¿las notas tuvieron muchas correcciones?
Cuando uno escribe una crónica bien tiene la misma sensación que cuando se lija una madera: si la lijás bien, cuando pasás la mano, la sensación es muy placentera… aunque si la pasás y quedó una virutita, o una astillita levantada, la sensación es distinta. Hay algunas crónicas en las que tengo esa sensación de pasar la mano por una madera bien lijada.
En el proceso de lijado, cambié muy poco pero una cosa que revisé fueron los títulos.
Hay un trabajo que yo quiero mucho, que me permitió ganar un premio nacional, y que se llama “Brujas”, que tiene que ver con la experiencia de un médico en Neuquén que trabajó en la Cordillera con las machi compartiendo conocimientos de la medicina tradicional y la medicina mapuche. Esa nota, cuando se publicó en el diario, tenía un título de 12 palabras.
¿Cuál es la crónica que más te gusta?
“Cochico profundo”. Con ese título salió en la tapa del diario y me gusta porque es sobre un lugar sobre el cual no se había escrito nunca y porque me encontré con una gente maravillosa que después me lo agradeció. Y posteriormente me pasaron un montón de cosas: en un viaje me la encontré recopilada en fotocopias; y en una reciente presentación del libro en Chos Malal, en la Librería Veo veo, Nelli Della Cha comienza a leer la crónica y se quiebra, empieza a lagrimear y no puede seguir leyendo: en la nota estaba el testimonio de su abuela; pero no sólo eso, frente a ella estaba su madre, la hija de la abuela testimoniada cuando tenía 92 años y todos lagrimeamos un poquito, fue algo muy emotivo.
* Extracto de la nota realizada en Ladrones de tinta. Un programa sobre libros, que se emite en FM 103.7 Universidad-Calf
