El doloroso proceso de editar


Un extrañamente luminoso viernes de abril de 2014 tuve el placer de entrevistar a Rafael Bielsa con motivo de la publicación de su primera novela: Tucho. La "Operación México" o lo irrevocable de la pasión. De la extensa charla, que se realizó en el Salón blanco de AMUC, rescato el tramo en qué habla del "doloroso" proceso de edición.
"La escritura del libro fue un proceso largo de 5 años: 4 años de escritura y un año de edición; el libro no era eso flaquito que algunos tienen, tenía 600 y pico de páginas. La verdad es que no me llevé bien con el proceso de edición porque el editor hace ablación de texto pero con el recorte de unas páginas se está llevando todo un sistema embrional que está vinculado con otra parte de la novela, arrastra todo; después de eso hay que reescribirla para que vuelva a tener consistencia… Entonces yo decía no, no me voy a dejar cortar este pedazo, me voy a llevar el libro, no lo voy a editar… Pero qué derecho tengo al narcisismo. Lo que a mí me importaba era que a Tucho y a María no se los olvidara, siempre estaba la historia de Tucho y María por delante."
Cuando hubo que definir el título, pasó lo mismo. "El libro en realidad se llamaba 'De los años, los horrores', que es el título de un bellísimo soneto de Sor Juana Inés de la Cruz. Pero esto no fue compartido por la editorial. Luego me pareció que, si se tenía que titular con un nombre, era injusto que se llame 'Tucho' solamente, porque, ¿cuánto le dio María a Tucho para que él sea? María le dijo yo sé a lo que nos estamos comprometiendo, llegá y contá la verdad, testimoniá. Porque si no lo llegás a hacer y, por alguna razón, nos volvemos a encontrar, a mi no me ves nunca más. Esas palabras, en boca de la mujer que lo amaba, embarazada, que sabía que si su hombre hacía lo que ella le estaba pidiendo hacer, lo perdía, y que tenía que seguir rodeada de gente que los había traicionado, son de un valor inestimable para la historia y para las decisiones de Tucho hombre.
También me gustaba 'Lo irrevocable de la pasión' pero parece que ahora los títulos tienen que ser informativos. Tampoco está bien visto escribir de manera proustiana, que es exactamente todo lo que a mí me gusta; los libros copiosos no están bien vistos, salvo que sean de dos o tres elegidos. Acabo de leer una novela que se titula El arte francés de la guerra (de Alexis Jenni) y no quería que se terminara: uhh, me quedan nada más que 168 páginas…, sufría. Yo soy de esos lectores. Entonces, ver ese librín flaquito, que fue una señora novela de 600 páginas, me deja un poco esa sensación de haber dejado un hijo enclenque en el mundo… pero está en el mundo.